Estoy seguro de que la gran mayoría de las personas que lean esta revista están de acuerdo con que en Chile el Arte y la Cultura no se valoran, no son consideradas importantes; sin embargo, ¿Cuántos de nosotros estaría feliz de que su hijo, su sobrino, su ahijado, su pupilo fuera un músico callejero, bajista en una banda de rock, graffitero, hiphopero, gestor cultural? Dirán YO y levantarán la mano, pero cuando ese pequeño protegido crezca y decida vivir su vida desarrollando esas actividades, como lo han hecho mis compañeros, Maxi y Álvaro, taparán sus ojos y oídos y dirán NO, rotundamente, porque eso no es trabajo. Pero, todos sabemos que trabajo sí es, lo que pasa es que no es remunerado como el de un abogado, un médico, un Ingeniero. ¿Entonces?. He ahí el quid del asunto. Somos NOSOTROS, los que comprendemos esta situación, los inteligentes, los creadores, los que debemos promover nuestro arte y valorarlo como tal y enseñar a las personas, sobre todo a las más cercanas, que las canciones, los versos, las ideas, los colores y las formas, no nacen de la nada, sino de una compleja labor, la labor del artista.
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